“El tiempo es único, indivisible, cada día, hora, minuto y segundo vale lo mismo en cualquier parte, espacio o historia de la humanidad. Cada uno de ellos debe de vivirse y sentirse de la misma forma, ya que en cada uno se va parte de nuestra existencia y se conjuga nuestro presente que pasará a ser nuestro pasado, al tiempo que, proyectará nuestro futuro. Este último, puede ser ciertamente mejor, si vivimos intensamente y sin disgregación ni exclusión cada gota de vida que a través del tiempo se nos va”.Esta reflexión va dedicada a la estupidez humana en vísperas de un acontecimiento inexistente que, en la mente colectiva se concibe como un gran hito y que sólo constituye una excusa inconsciente que va en busca de rehuir nuestro presente, olvidándonos de él, pensando en un futuro mejor, al creer que la construcción de nuestro destino se basa en un hecho determinado que nos marca. Ignoramos que, la unión e interrelación y la consiguiente concatenación de las acciones y pensamientos, todos sin menoscabo, dan como resultado aquello que denominamos tiempo, el cual transcurre y transcurre…
Diciembre 31 de 1999 (o más bien, un momento determinado y dado en que el tiempo sigue avanzando...).
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