The end.

Cuando me di cuenta, ya no extrañaba aquella voz lejana. Había perdido días buscando recrear ya viejas palabras pronunciadas por otra. Recorrí centenares de pensamientos, y más de una vez fui reconstruyendo las partes desperdigadas de aquella cerrada historia, como una saga de colección que se resiste a quedar obsoleta, convertida en tiempo pasado tras el "the end" que acompañó a aquella lastimosa última escena. Pero de continuar, ¿qué de nuevo vendría? si realmente estaba condenada a un previsto final. Extender una cinta ya vegetativa, es dar vida a algo que sólo vive dentro de un recóndito inconsciente, un instante que sólo fluye entre persianas ruidosas, donde queda una mirada nostálgica que derrama una última lágrima de espaldas a aquella irremediable partida... porque si hubo algo que aprendí de anteriores experiencias, fue que las segundas partes nunca son buenas.

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Nace una leyenda, un hombre... simplemente descansa.

El álter ego maquillado para la otredad, recorrió desde temprano senderos inventados para su propia existencia irreal. Mientras tanto, eclipsado por el personaje, el secuestrado sobrevivía en la miseria oculta bajo la trastienda de la gran celebridad. Pero el ente olvidado tras las potentes representaciones de su súper yo, no logró pervivir más años, siquiera días, sosteniendo el peso de todo un semidiós que soportaba su frágil figura humana, y finalmente llegó el momento de la última función, y con ella aquella escena por tantos otros recreada, cuando la personificación se convierte en leyenda, y donde el intérprete, un hombre común y corriente, simplemente descansa.

Michael Jackson, 1958-2009.
Un homenaje al artista inmortal.
Mis respetos post mortem al hombre que tuvo en mayor o menor grado, vicios, cualidades, defectos y contradicciones como cualquier otro mortal.

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Las mejores sinfonías ya fueron escritas, muchas no fueron oídas.

Con el paso del tiempo he comprendido que no todo debe ser escrito,
ni la pena silenciosa, ni la alegría indiscreta,
ni el sollozo pasajero, ni la risa fingida,
ni la lágrima ennegrecida, ni la mueca oscilante.


Doy vuelta a la página que no ha de ser escrita,
y el borrador se cierra formándose sobre él nuevamente una impermeabilizante capa de polvo.
La musa no halla paraderos donde descender, pese a que se repite persistentemente sueño a sueño, noche a noche.

El lápiz descansa en el vaso roto, mientras el ritual que no ha de ser descubierto se reitera una y otra vez sin cesar, pues no trasciende si nadie le nota.
Y las mejores melodías se resignan a no ser oídas y desaparecer en silencio,
pues sordo el compositor, el soplo del viento lleva su sonido lejos,
donde el ruido en el desierto no existe, pues nadie le oye, y muere.

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... Sin versos, sin musas...

Y en el profundo escaparate de su desahucio mental, ya no cabían remordimientos para sus pérdidas materiales, para contradicciones que iban y venían con el peso de las deudas nuevas, pues su estructurada conducta desaprensiva le había enseñado a no tomar por propio aquello pasajero, frugales restos nominativos, cortes rectangulares, marcados con rostros del pasado.

Hallar respuestas a la desaparición de figuras inertes no era signo de inteligencia, pues saber que lo que no ha sido por naturaleza dado, no te es nunca completamente propio, era para él algo aprendido en todo su amplio sentido.

Párrafos dispersos en pinceladas de lápiz bosquejaban su presencia física, pues ella, a partir de su aplastante convicción presa de negar lo tristemente vivido, de apartar su alma, su espíritu completo de ser preciso, sin ver más nada, la nada misma ya sin musa, era finalmente eso, nada.

Y de ser socorrido tantas veces por el olvido, padeció de recuerdos que nunca fueron del todo ahogados por el agua que vaciaba su mar muerto, y seco de lágrimas y vuelto yerto, ni versos catársicos llenaron antiguas ausencias.

Desaparecido el don, ido con sí mismo, escudriñó entre cientos, miles de papeles, muchos atiborrados de una carga impuesta por el tiempo: polvorientos.

Rodeado de páginas solitarias, desdeñadas, deshojadas y rasgadas, "fragilísticamente" conservadas. Unió cabos de varios yo lejanos, y condensó línea a línea historias pretéritas, de letras muertas, y fue cuidadosamente borrando versos, olvidando nombres de altas musas y silenciando a posibles recitadores.

Y este impulso lo incitó una vez más, por postrera vez, con su gran obra, obrada con su interior desgarrado, desgarro que literalmente llegaba al papel finalmente, cuando una última hoja amarillenta, avivaba la llama de un fuego que abrasaba para siempre al primero de sus versos y con él, a sí mismo, a su último yo, dentro.

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Verdaderos amigos: seres en extinción, pero de que los hay, los hay.

Nunca he sido de muchos amigos, más bien de conocidos con quienes he entablado una muy buena relación en su momento. Jamás he buscado la amistad encarnizadamente por mis días, ya sean los pasados, los presentes o los venideros. Soy simplemente un alma en paso en la vida de otros, como una estrella fugaz que ilumina un cielo oscuro, pero efímera igualmente.
No he prometido grandes hazañas, ni nunca un “amigos por siempre”.
No soy de los que elude compromisos, pero por ello sé también de la fragilidad de las relaciones humanas. Sin embargo han pasado casi 18 años diciéndote amigo, con completa convicción que sólo los años dan. Y no hay día que piense que es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
Pues la eternidad no existe, mas no concibo reemplazar con tu nombre el de “mi amigo”.
Sé que el tiempo cambia todo, pero el todo lleva en sí una estructura que la sostiene, la vida simplemente es un esqueleto que se va corporalizando con el tiempo, y si esta metáfora fuera cierta, yo te llamaría piel... y llevaría el soplo del aire más allá de la distancia que nos separa, para que te reconstruya a diario en mi memoria y te alce el viento del recuerdo.
No hay nada que espere con más ansias que tu anhelado retorno el próximo enero... y aunque probablemente el paso del año no nos tiña aún de cabellos canos, te llamaré una vez más mi viejo... mi querido viejo amigo.


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La luz del poeta.

Y si miras al cielo estrellado,
qué figura ves formar con la constelación de ellas?
o la inmensidad de la noche dispersa las siluetas?
Llevo media hora atisbando al firmamento,
pero te puedo recrear imaginariamente,
como un puente que une lo real con lo ficticio.
Y sé que esto no es un sueño meramente,
porque dibuja una sonrisa tu rostro recreado entre paredes de masa gris.
Pues si pudiera alcanzar la más lejana estrella con la mirada,
no me es difícil llegar a ti transportado por la luz interior,
aquella que no conoce de crepúsculos para aparecer
ni de amaneceres para ya no estar más.
Creo que si bien dejé un tiempo de construir paraísos de literatura,
el camino siempre está abierto, de cara a un más allá.
No sé después de días si lo que hago hoy es poesía,
o simples mezclas de historias ya vividas, como un raconto en pleno presente asolador.
La llama sigue dentro, pues la oscuridad puede vencer al resplandor de los astros oscilantes,
y no necesariamente desaparecerá la contemplación.
Bajé la cortina, y la silueta no se desvanece,
al contrario, se llena de colores y brilla,
se luce de fiesta, el poeta baila entre sus brazos,
sobre el papel, el lápiz descansa otra vez...

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Cita al olvido.

No experimentaba una de esas crisis desde la facultad. A su pesar, aquellas indicaciones aprendidas para accionar en dichos casos se borraron conjuntamente con la cicatrización de ese antiguo dolor. Compungido por la nueva desilusión, sólo pensó en la pronta venida del anhelado invitado, ese desconocido que no asistió a la cita anterior. De lo contrario, ya no habrían días sin recuerdos, como antes tampoco hubo noches sin ellos, desde la partida de aquel último gran amor.

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Ritualista.

Había pensado escribir tras las líneas del tiempo
tres historias nuevas de un largo comienzo.
Ver de nuevo la luz del sol con otros ojos sorprendido,
atisbar la última imagen del atardecer
junto a aquel llamado maternal de un entra ya.
Volver a jugar entre la tierra y el florido jardín,
con las cosas sencillas pero imperiosamente necesarias,
con aquella mueca de felicidad eterna, natural, sincera.
Jamás antes había visto tan claro el reflejo del pasado
caer ante mis espaldas llenas de cansancio,
y hacerse añoranza tras un rato.
Y aunque en la mágica agonía de las horas,
el reloj daba vueltas en progreso,
soñé con regresar al andén y partir desde cero.

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El poder de las cosas sencillas...

Pensaba en las etapas previas del tiempo adulto, cuando deseó ser un arquitecto constructor de paredes, de fuertes techos coloridos, donde más de alguna vez también soñó con sortear los feroces fuegos entre el inmenso lamento de su paso, cuando añoró patear el balón decisivo y llenar la boca de cientos de miles con un último gol, hasta que traspasó las barreras del trabajo y del reloj y llegó al umbral convertido en arcoiris de la casa propia, y contempló conmovido sus pantalones llenos de formalismo sucios con la marca hecha por dos patas para quien él se había convertido en un Dios...,y al entrar por una puerta pesada de madera que guardaba al mayor de los tesoros que desea un hombre de bien: una mujer que compartiera sus sombras y sus luces, los días cansados y los bellos ocasos, y fuera su equilibrio para cuando el alma por pesado ya no soporta su envejecido cuerpo, dio finalmente con tres criaturas, vivas materialización del amor, quienes atendieron su llamado con tres amplias sonrisas y un emotivo ¡papá!, y casi quebrándose en llanto descubrió que ni el más mágico de sus anteriores sueños podía compararse con su ignorada realidad.

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Yo mismo desde mí...

Últimamente vivo,
más aferrado a la realidad que a la ilusión.
He escrito, escribo y seguiré escribiendo.
Practico el ciclismo,
también salgo a excursionar a la naturaleza.
Soy fome:
No fumo ni bebo.
No soy nada especial:
soy un simplemente yo más.
No soy perfecto,
sí él más sincero.
Habitualmente soy serio,
pero río al último y mejor.
A veces lloro,
no siempre.
Escucho como nadie.
Generalmente aconsejo.
Me gano la vida enseñando,
aunque más bien lo hago por vocación.
Me saludan a diario por las calles,
de repente no miro.
De seguro estoy pensando...

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Lunita 2...

Luna,
astro sin luz,
me iluminas.

Estrella,
centinela de mis oscuras noches,
guías mis pasos con tu brillo lejano.

Luna y Estrella,
ambas hermosas,
no sé diferenciar,
a cuál he de necesitar más.

Luna,
me sonríes,
me veo en tus brazos,
dormir y soñar plácidamente.

Estrella,
resplandeces mi vida,
me miras,
me humanizas.
Contigo no muero,
rejuvenezco en cada momento.

Luna y Estrella,
ya no les miento,
debo confesarles,
que existe un universo nuevo,
un cosmos mucho más bello.

Luna y Estrella, les dejo,
no crean que no lo siento,
pero me voy con quien me ilumina mejor,
mi sol,
el astro más bello,
quien es capaz de volver alegría mi dolor.

Luna y Estrella,
adiós a las dos.
Y a tú,
hola,
qué tal,
cómo te va.

¿Sabes?
te tengo algo que contar:
que cada día que pasa,
te quiero mucho más.

* Esta es una poesía que escribí cuando niño, en mis primeros pasos junto a los versos.

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Fortaleza interior...

Para el tiempo de las decepciones:
fortaleza interior.
Para el lamento que llega a ocupar nuestra casa indefensa:
fortaleza interior.
Para aquel momento en que todo lo que se hizo ilusión se desvanece como la bruma que era y que nunca vimos:
fortaleza interior.
Para esta nueva revelación, cargada de violentos despertares a aquella escabrosa realidad ya vivida:
fortaleza interior.
En adelante y siempre, aunque parezca ordenanza o condicionalidad extrema:
fortaleza interior.
Para seguir viviendo con la vista de frente hacia la vida, y no bajo oscuras nostalgias, o temerosos ocultamientos de todo:
fortaleza interior.
Para contar de pronto esta historia y recordarla como fue y no como infelizmente pudo haber sido:
fortaleza interior.
En espera de un nuevo comienzo:
fortaleza interior.
Para dar el siguiente paso:
fortaleza interior.
Para soñar con que todo puede ser distinto y que de haber un nuevo final éste será el deseado:
fortaleza interior.
Para cuando encuentres que nuevamente el destino te da vuelta la espalda:
fortaleza interior.
Para cuando te sientas triste y solo, cansado de las eternas andanzas por pedregosos caminos sin rumbo:
fortaleza interior.
Para vivir simplemente necesitas:
fortaleza interior.

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En el tiempo de los olvidos...

En la dulzura del amor nos sentimos embelesados,
sentimos llover sobre nuestros cuerpos cálidos pétalos de colores.
En la hora del desamor se precipita la añoranza,
la amargura del tiempo perdido,
de la insatisfecha felicidad entristecida.
Pero caminantes somos, y como tales,
los senderos seguirán abriéndose al son de los pasos,
pasos de redención, de búsqueda, las más de las veces insabora,
y en las menos, por azarosas y felices coincidencias, provechosa.

Esto no es un adiós, es un hasta siempre... Y dejo la puerta abierta a una hipotética saga en nuestra historia porque recorremos en este vertiginoso andar por la vida órbitas en espiral... que a menudo nos llevan a conocidos principios o a más que bien sabidos términos.

Salud por tu humor, por tu sonrisa, por tus besos inolvidables y por hacer hoy de mí a alguien diferente al que conocí cuando te vi...

Gracias K.I.G.C.

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Nuestra historia...

Nuestra historia no es de hadas, de príncipes ni de princesas.
Ni de grandes hazañas caballerescas.
No soy tu Quijote y yo jamás he pensado en ti como mi Dulcinea.
Nuestra historia ni siquiera es de amor, si se puede definir qué es él.
De locos tampoco lo es, puesto que ni yo soy un loco, ni tú mi razón perdida,
porque todas mis supuestas locuras han sido pensadas,
sino por mi mente, al menos por mi corazón.
No soy yo una boca y tú sus labios peregrinos que regresan con el sabor de los más sabrosos besos.
Ni siquiera soy una lágrima y tú el pañuelo que la cobija.
Pero si existe algo que para mí hace a nuestra historia distinta,
es que ya no soy lo que era antes de conocerte,
y simplemente temo ya no ser yo sin ti...

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Poema nº 17: Declaración a un amor no correspondido...

Estas líneas te las escribo,
para que por una vez por todas,
sepas de mi propio puño y letra
que yo de ti estoy enamorado.

Te preguntarás por qué he tardado tanto
en confesarte este sentimiento.
Mas, he escogido este instante,
porque muy probablemente ha llegado el momento
en que a encontrarnos ya no volveremos.

No quiero seguir viviendo en adelante,
con esta estaca que yace clavada en mi corazón
desde hace largo tiempo.

Lo único que sé en realidad
es que mucho te aprecio.
Eres la luz que ha iluminado mi vida
estas tres últimas rotaciones.
Has sido mi ilusión,
la razón por la cual muchas mañanas,
me he levantado para un paso más dar.

Sólo me queda agradecerte,
pues te convertiste en mi musa inspiradora,
en el sustento de mi alma.
La que despierta los más bellos,
puros y tiernos pensamientos.

Gracias por existir,
agradezco a la vida por haberte conocido.
Me despido, esperando que,
si por algún camino nos volvemos a ver,
pueda sentir, por primera vez,
que mi “cuore” ya no late a mil por ti.

Pd: Luego de dos semanas, he vuelto a mis andanzas por el mundo del blog. Penosamente, el tiempo destinado al trabajo me ha quitado espacio para dedicarlo a este pequeño mundo y para visitarlos amigos. Pero les informo que: la poesía no ha muerto!!! Así que vuelvo a la carga.
Besos y abrazos desde Chile.

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