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"¡Siempre!". Autor: Juan Luis Carreras M.

Por estos días, de tanto descansar y vaciar mi mente por el relajo estival, han vuelto las interrogantes de “siempre”. Pero hoy, precisamente es esta última palabra quien sube al patíbulo de mis permanentes reflexiones, de mi comentario habitual, de mi ácida crítica de “siempre”.
En fin, contextualizo como “siempre”.
Ayer, disfrutando, como lo hago “siempre”, de uno de esos “siempre” frescos atardeceres del estío, salí a dar uno de aquellos monótonos paseos de “siempre”, en mi vieja, pero año tras año restaurada, bicicleta de “siempre”. Di en ella, las vueltas en círculo de “siempre”, por las mismas calles de “siempre”, sufriendo los incontables hoyos de “siempre”, que me hacen pronunciar aquellas irrepetibles palabrotas de “siempre”.
Luego de andar un rato, de esos que se extienden lo de “siempre”, hallé descanso en una de esas añosas plazas de “siempre”, y me senté sobre uno de esos bloques de cemento, aquellos duros asientos de “siempre”, los que duelen lo mismo de “siempre”.
Y bien, me vi allí como “siempre”, masticando aquella dobladita, mi sagrada ostia ciclística de “siempre”, comprada en el precio de “siempre”, en la vieja amasandería de “siempre”, para saciar el mismo hambre de “siempre”, con su mismo sabor de “siempre”. Cuando, di a parar involuntariamente a través de mi mirada de “siempre”, con un “siempre” visible rayado de amor que contenía un no “siempre” bien ponderado corazón, de esos dibujados como “siempre”, con su consiguiente fulanito y menganita encerrados en él, esos que “siempre” aparecen, bajo un cómplice se aman por “siempre” (lo que realmente decía era S/A x “100pre”).
Ahí, y a partir de ese instante, sí, uno de aquellos instantes no muy distinto de los de “siempre”, sentí que se desmoronaba delante de mí, del mí de “siempre”, mi teoría más infalible, mi más célebre frase de vida, de autoayuda, mi guía de “siempre”: “Cueste lo que cueste, “siempre” consecuente”. Y sí, se despedazaba allí, juzgada por esos juicios públicos, sin jueces ni estrados de “siempre”, por mi endémico cuestionar de “siempre”.
De súbito, toda una revelación me había llegado, de esas que ciertamente, esperamos todos, sino ahora, al menos “siempre”.
Con ella, yo, “siempre” el más racional y puro pensador que haya conocido en mi vida de “siempre” (yo tan egocéntrico “siempre”), me sentí un mitómano que había mentido de manera descarada “siempre”, con ese cinismo de los cínicos de “siempre”, pero muy probablemente, sin querer hacerlo “siempre”; al descubrir que al igual que esa pareja de efímeros enamorados de “siempre” que, más llevados por la pasión que por la razón, - esa que yo defiendo “siempre”-, trazaron sus nombres, dos de esos de “siempre”, en aquel corazón y lo sellaron con el membrete de un “siempre”, ustedes entienden, como se hace “siempre” (acaso no sabrán – me pregunté- lo de aquello de que “es tan corto el amor y tan largo el olvido” “siempre”); yo caí abatido por no haber tomado hasta entonces el real sentido de la palabra “siempre”, esa misma, así como se escribe, como ha sonado “siempre”.
Me pareció posarse el peso más descomunal de las piedras sobre mi espalda. Pensé: ¿Cuántas veces en mi existencia no he repetido aquel ya gastado “siempre”, a veces categórico, a menudo displicente, habitualmente mecánico, “siempre” no bien sopesado?
¡Qué lenguaraz he sido“siempre”! Fue lo primero que atiné a decirme. Yo “siempre” con este juego del “siempre”, y acaso ¿yo viviré para “siempre”? ¿Tendré pasaporte para en otra vida, de esas que todos sueñan tener “siempre”, para que se me dé la oportunidad de volver a repetir como hasta ahora mismo “siempre”, un pletórico “siempre”?
“Siempre” te voy a amar “, “siento que lo nuestro, que este amor, durará para “siempre”, “te llevo en mis pensamientos “siempre”, “te amo hoy más que “siempre”, “serás mi amigo “siempre”, “siempre” consecuente”, “pensaré, diré y haré lo mismo “siempre”.
¡“Siempre”!, ¡“Siempre”!, ¡“Siempre”!
Sentí que toda mi vida de “siempre” estaba atiborrada, pero innecesariamente toda cargada, por eso a la vez vacía, de “siempres”.
Volví a mi casa, a ésa de “siempre”, a una hora que casi es la misma de “siempre” y presuroso corrí a mi pieza, a mi lugar de “siempre”, a consultar el diccionario de “siempre”, deshojado como lo he visto “siempre”, cada vez que recurro a su sapiencia de “siempre” para aclarar aquellas dudas gramaticales mías de “siempre”, y así dejar en evidencia mis oscuros pálpitos, de ese ya entonces cuestionable “siempre”.
Cuando finalmente conocí la irrefutable respuesta sobre la semántica contenida tras ese ya para mí desafiante “siempre”: “En todo tiempo, de muy larga duración. Eterno”, caí inmediatamente en desazón. La piedra que había comenzado a cargar hace poco más de una hora atrás, se precipitó una y otra vez, agigantándose, sobre mí.
A lo único que atiné fue a pensar (eso que hago “siempre”), en cómo cargar con esta nueva culpa, una más que se añadía a las de “siempre” y a aquellas que vendrán irremediablemente “siempre”.
Por ello, en una búsqueda de redención, de expiar mis pecados, como otros de una u otra forma lo han hecho en todo lugar y época “siempre”, mi catarsis comenzó por reconocer el agravio realizado, echando a correr la memoria, esa que me acompaña “siempre”, y recordar cuándo había sido la última vez que le dije a alguien, a la otredad, esa palabra, aquella que desde el inicio he escrito “siempre”, ustedes ya saben: “siempre”.
No acababa el minutero de dar su primer giro, de esos que duran el tiempo de “siempre”, cuando horrorizado me acordé que diez minutos antes de asistir a esta verdad revelada o rebelada (de rebeldía), había levantado mi celular, ese que llevo conmigo “siempre”, para hablar con ella, no con la de “siempre”, pero con quien lo hacía como “siempre”, desde hace dos semanas atrás, esas semanas de “siempre”, las de los siete días de “siempre”, cada uno de ellos con sus 24 horas de “siempre”.
Con un agujero que se acrecentaba en mi pecho, aquel perteneciente a mi cuerpo de “siempre”, recordé que se lo dije fuerte y claro, como suelo hablar casi “siempre”, y estoy seguro que se lo repetí más de una vez, como “siempre” lo hago para aquietar las incipientes dudas de “siempre” sobre los sentimientos de “siempre”, con la misma originalidad perdida de “siempre”, echando a andar la grabadora de “siempre”, y con ella, aquel disco rayado de “siempre”.
Y casi simultáneamente para cuando me terminaba de preguntar esa interrogante que ya otras me habían realizado “siempre”, con esa dulzura femenina de “siempre”, de un ¿ME EXTRAÑAS?, yo me apresuré a responder raudamente, y ¿adivinen qué respondí?... y bueno, “siempre” digo “siempre”, con ese tono de voz que ya he ensayado para con otras antes “siempre”... y bien, es la costumbre, así es para mí de “siempre” (pregúntense ¿para quién no es así de “siempre”?).
En consecuencia, ahora siento el peso infinito, de ese mismo universo infinito de “siempre”, de todos aquellos “siempres” que se terminaron convirtiendo en promesas incumplidas, detrás de esa eternidad que en realidad buscan “siempre”.
De esta manera, como yo soy finito, tengo fecha de caducidad en mi envase, mi carretera tiene término, como todas las cosas desde “siempre”, a partir de hoy ya no quiero cargar más con la mochila de los “siempre”. Llámenme cómodo, desapegado, frío, desencantado, ruin, descorazonado. Díganme lo que quieran, díganme lo de “siempre”.
Lo que es yo, no seguiré alimentando falsas ilusiones, ¿para qué yo?, si las van a seguir engrosando tantos otros “siempre”, igual como “siempre”. No busquen más en mí un “siempre”, a ese muerto ya no lo cargo más como antes “siempre”, y aunque confieso que mi vida ha estado rodeado de promesas desde “siempre” (¿quién no ha hecho promesas “siempre”?), créanme que esta la cumpliré desde ahora y para “siempre” .
Finalmente, reconozco como “siempre”, que tras estas inconexas líneas parezco un tanto loco, bueno, a veces, pero ciertamente, no lo soy “siempre”.
En fin, no me puedo quedar escribiendo para “siempre”, los dejo.
Me despido, hasta “siempre”.

6 comentarios:

DINA dijo...

Juan Luis,
Ante todo gracias por tu enlace, me hizo especial ilusión. He descubierto y blog y lo poco que he leido de momento me ha entusiasmado,así que voy a seguir...

De momento te diré que "siempre" es mucho tiempo, no ??????????????

Besos y ya estamos enlazados por un link, allende de los mares.

Besos desde Barcelona.

Juan Luis Carreras M. dijo...

Gracias Dina por tus palabras.
Ya sabes que esta es tu casa.
Saludos y abrazos.

ro dijo...

Hola, Juan Luis. Hoy tuviste la amabilidad de visitarnos en la Comunidad Educativa del 47 y en el Cristal. Muchas gracias por tus comentarios. Compartimos varias cosas: la docencia, las ganas de comunicarnos con otros y de escribir, como para dejar una marca, una señal,no? Me gustó mucho tu texto y es cierto que somos ligeros para el siempre y también para el nunca. Gracias por agregarnos en los contactos. Yo también lo hago. Ya no me animo a decir siempre pero eso sí, seguro, seguro, que nos seguimos comunicando. Un gusto.

FLACA dijo...

Agradezco tu pasada por mi la mesa de mi boliche. Encontré cosas interesantes aquí. Estoy de acuerdo con Dina en que "siempre", siempre es demasiado. Mejor te digo ¡hasta la vuelta!, todavía no contaste a qué jugaba

ybris dijo...

El concepto de siempre como referencia a lo eterno viene a ser algo relativo. Ni siquiera el mundo y el universo parecen ser para siempre.
Así que cuando nos referimos a nosotros viene a quedarse un poco estrecho. Tan estrecho o ancho como hagamos nuestra propia vida.
La historia sabe mucho de todo eso.

Gracias por tu enlace (Ya que los has separado por nombres, puedes separar también el de MBI del mío, que han quedado juntos)
Yo tengo ahora problemas con la plantilla y tardaré algún tiempo en actualizar los enlaces allí. Pero te incluiré mediante Bloglines a mis páginas registradas.
Un abrazo.

mia dijo...

siempre...

se dice con frecuencia

pero siempre no existe

fueron amantes con "nunca"

y alguien no quiso la sobre vida

y les hemos perdido,

ahora tratamos con "lo más

duradero",o "para corto plazo"

las contundencias fallecen

con los tiempos,como las hojas

y como las personas!

besos