Y en el profundo escaparate de su desahucio mental, ya no cabían remordimientos para sus pérdidas materiales, para contradicciones que iban y venían con el peso de las deudas nuevas, pues su estructurada conducta desaprensiva le había enseñado a no tomar por propio aquello pasajero, frugales restos nominativos, cortes rectangulares, marcados con rostros del pasado.
Hallar respuestas a la desaparición de figuras inertes no era signo de inteligencia, pues saber que lo que no ha sido por naturaleza dado, no te es nunca completamente propio, era para él algo aprendido en todo su amplio sentido.
Párrafos dispersos en pinceladas de lápiz bosquejaban su presencia física, pues ella, a partir de su aplastante convicción presa de negar lo tristemente vivido, de apartar su alma, su espíritu completo de ser preciso, sin ver más nada, la nada misma ya sin musa, era finalmente eso, nada.
Y de ser socorrido tantas veces por el olvido, padeció de recuerdos que nunca fueron del todo ahogados por el agua que vaciaba su mar muerto, y seco de lágrimas y vuelto yerto, ni versos catársicos llenaron antiguas ausencias.
Desaparecido el don, ido con sí mismo, escudriñó entre cientos, miles de papeles, muchos atiborrados de una carga impuesta por el tiempo: polvorientos.
Rodeado de páginas solitarias, desdeñadas, deshojadas y rasgadas, "fragilísticamente" conservadas. Unió cabos de varios yo lejanos, y condensó línea a línea historias pretéritas, de letras muertas, y fue cuidadosamente borrando versos, olvidando nombres de altas musas y silenciando a posibles recitadores.
Y este impulso lo incitó una vez más, por postrera vez, con su gran obra, obrada con su interior desgarrado, desgarro que literalmente llegaba al papel finalmente, cuando una última hoja amarillenta, avivaba la llama de un fuego que abrasaba para siempre al primero de sus versos y con él, a sí mismo, a su último yo, dentro.
Hallar respuestas a la desaparición de figuras inertes no era signo de inteligencia, pues saber que lo que no ha sido por naturaleza dado, no te es nunca completamente propio, era para él algo aprendido en todo su amplio sentido.
Párrafos dispersos en pinceladas de lápiz bosquejaban su presencia física, pues ella, a partir de su aplastante convicción presa de negar lo tristemente vivido, de apartar su alma, su espíritu completo de ser preciso, sin ver más nada, la nada misma ya sin musa, era finalmente eso, nada.
Y de ser socorrido tantas veces por el olvido, padeció de recuerdos que nunca fueron del todo ahogados por el agua que vaciaba su mar muerto, y seco de lágrimas y vuelto yerto, ni versos catársicos llenaron antiguas ausencias.
Desaparecido el don, ido con sí mismo, escudriñó entre cientos, miles de papeles, muchos atiborrados de una carga impuesta por el tiempo: polvorientos.
Rodeado de páginas solitarias, desdeñadas, deshojadas y rasgadas, "fragilísticamente" conservadas. Unió cabos de varios yo lejanos, y condensó línea a línea historias pretéritas, de letras muertas, y fue cuidadosamente borrando versos, olvidando nombres de altas musas y silenciando a posibles recitadores.
Y este impulso lo incitó una vez más, por postrera vez, con su gran obra, obrada con su interior desgarrado, desgarro que literalmente llegaba al papel finalmente, cuando una última hoja amarillenta, avivaba la llama de un fuego que abrasaba para siempre al primero de sus versos y con él, a sí mismo, a su último yo, dentro.
1 comentario:
Juan Luis.... tanto tiempooo... por supuesto que me acuerdo de ti.
Me gustó mucho tu blog, disculpa por no haber pasado antes, pero estaba un poco desaparecida de la faz de la tierra...
...oye y al final cambiaste las leyes por la historia?? excelente elección, los abogados no me caen bien jajaja...mentira tengo hartos amigos abogados, pero yo igual habría preferido la historia...
Abrazos y nos seguimos leyendo ;)
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